sábado, 21 de enero de 2012

ZAPATOS BERMEJOS

Madre,

que me perdonen tus ojos
tus grandes ojos almendrados,
que tantas noches velaron
mi sueño tranquilo;
que me perdonen esas manos.

Manos fuertes y tiernas,
de dedos largos de pianista,
del primer cariño que sentí;
más, en este día, son de tus pies
mis recuerdos todos.

Tus pies heroicos,
que hacían funcionar
la vieja "Singer" de hierro,
hasta romper la aurora,
y apenas por el pan de cada día...

Para tus pies cansados,
de aquella fatiga tamaña,
de aquellas madrugadas infinitas,
de aquel ritmo eterno,
yo te traigo, querida,
estos zapatos bermejos.


DINIZ FÉLIX DOS SANTOS

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